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14.10.11

Damelo a mi.

-¿Qué tanto te miras en el espejo?, le pregunto Marina a Violeta después de observarla durante veinte minutos frente a éste. A Violeta no le gustaba mirarse nunca al espejo, solo unos minutos al día en lo que se peinaba su corto cabello castaño o se pintaba los labios de rojo; asi que verla más tiempo frente a el era todo un acontecimiento.

Violeta no contesto, sólo la miró a través del reflejo y le sonrió como habitualmente lo hacía cuando terminaba de besarla; se llevo el índice derecho hacia la esquina de la boca y suspiró.

Marina comprendió de inmediato. Estaba mirando el beso oculto que conserva tan celosamente, frunció el ceño y se fue a recostar a la cama donde muchas veces habían hecho el amor y ella solía pedirle ese beso desesperada. Pero ese beso le pertenecía a él y eso la mataba de celos.

Parafrasis.


"Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda."


Violeta solía sentarse en las escaleras de la entrada imaginando a aquel hombre montado en una bicicleta, con el sol de frente y el mar de fondo, gritando "Eres mia, eres mia". Eso la hacia sonreir. Era hermoso imaginar a alguien siendo feliz.

Say Good Bye.


Marina poco a poco fue desapareciendo de la vida de Violeta, ya no se podían encontrar vestigios de su vida en su pequeño mundo. Todo eso entristeció a Violeta, porque cuando se dió cuenta ya no pudo encontrar un rastro de los pasos de ella por su vida. No recordaba besos, ni abrazos, ni piernas entrelazadas por las noches de mucho frío... no recordaba nada. Ni su ojos, ni su sonrisa. Violeta se dió cuenta que de nuevo su planeta estaba vacio y lo peor era que no se había dado cuenta.

Busco en los pequeños jardines y estaban engusanados, nada de que lo que dejó encontró. Quiso llorar, pero.. ¿Para qué hacerlo? hay cosas que pueden ser pero no se deja que sean. Es cierto, la busco por días y noches, pero no encontro nada... las mariposas comenzaron a asustarla y al poco tiempo comenzó a odiarlas. Las despedidas no eran su fuerte, pero quería despedirse de Marina... verla, para poder recordar que un día quiso sentir algo por ella. ¿Donde estás?...

Marina no volvió jamás al pequeño planeta de Violeta. Aún ahora, Violeta no sabe si realmente un día estuvo en el.

Aurora Boreal en la tarde eterna de la primera sonrisa.

La tarde la primera sonrisa que Violeta le regalo a Marina fue una de las mas eternas en la historia de los abrazos mas largos dados en la historia del mundo.
Recien despertaban de la siesta de la tarde y las mejillas de ambas aún estaban encendidas. Sus cabellos brillaban al recibir el sol de lleno por la ventaba de cortinas blancas de la habitación. Se tomarón de las manos al salir de la casa y caminaron hasta la noche, hasta que se toparon con la señora vestida de negro y con las estrellas en el cielo.

La Aurora Boreal se extendia por el cielo como si fuera el cabello desparramado de la mujer más amada sobre la tierra, las estrellas lo adornaban tranquilas, somnolientas, calladas, consteladas... Violeta miró al cielo y sintió que el corazón se le encogía, apreto aún más las manos de Marina y volco en ella toda su emoción por esa noche. La miró por largo tiempo y al final le sonrió.

Violeta despertó despues de la siesta en la misma habitación, pero no había sol, afuera llovía a mares, tenía una opresión en el pecho que no la dejaba respirar y comenzó a llorar... por primera vez, en años.

Soledad se llamaba y estaban solos...

-¿Porqué tienes tantos libros?

Le preguntó Ernesto a Violeta la primera vez que entro a su departamento.

-Porque no tengo nadie con quien hablar.

Ernesto sintió una opresión en el pecho y unas ganas inmensas de llorar, miró a Violeta sonriendo, soltando esa respuesta como si nada y tuvo que abrazarla para que el nudo en su garganta se disipara. Esa fue la primera vez que se enamoraba de alguien tan solitario... justo como él.

Sentimientos.

A Violeta no le gustaban las mariposas, entre el odio y el miedo se alejaba de ellas, pero desde aquel día de mucho frío en que los besos con sabor a lluvia llegaron, comenzó a sentir que tenia miles de ellas en la barriga; a veces sentía que si abría la boca, una mariposa saldria de esta y se estrellaría contra los labios de Ella y, siempre cuando hablaban, se llevaba las manos al estómago y apretaba los ojos y los labios con muchísima fuerza, temblando con el corazón latiendole con furia en la garganta. Todo eso... en solo un instante.

-Tú no estas sola... ¿Porqué insistes en decir eso?
-Tú no entiendes...
-¿No entiendo? ¿Qué soy Marcela? ¿Qué papel tengo en el circo que hiciste de tu vida? ¡Mirate joder mirate! Te amo... y no llores, que no te queda ese papel de víctima del destino, nunca te ha quedado el llanto, lo sabes... ¿Qué quieres de mí? Dime... lo que quieras, te lo daré, lo sabes... Pero dime algo, haz algo por mí...
-¿Ves?... todos quieren lo mismo, un lugar en mi vida, quieren ser mi destino, mi amor, mi amado, mi amada... no se conform..
-¿Conforman?... ¿Tú lo haces?
-No...
-Entonces no me vengas con esas estupideces.
-No me hables así.
-Es la única maldita manera de que entiendas...

Después de un rato todo fue silencio, las respiraciones fueron tranquilizandose, los corazones amordazados guardaron quietud y no hubo más que un pequeño destello en la oscuridad. No, no era ceguera... ni soledad. Es que tenía los ojos cerrados.

¿Donde estás?...

Me acorde de Marina.
Leí sus palabras y recorde sus labios cuando las decía, aunque jamás los hubiese visto, sentí sobre mi rostro su lluvia y su sonrisa, su cabellocastaño pegado al rostro, húmedo, feliz, la vi sonreírme y el corazón se me hincho de emoción y tuve que llorar, ahora mismo al recordar lo que recorde estoy llorando. Siento sus caricias en mi rostro, sus dedos fuertemente entrelazados a los míos... No sé si es porque no ha parado de llover, pero Marina está cada vez más presente en mi días. A veces me encantaría volver a su planeta a dejarle una rosa azul o una mariposa negra, quedarme escondida para verla sonreir cuando la encontrase.

Y es que me duele haber perdido tanto por tan poco, o es que acaso no perdí nada porque nada fue nunca mío. Quiero que llueva, quiero sentir la lluvia en mi rostro, quiero sonreír bajo la lluvia. Quiero ver a Marina.

Pero Marina ya no quiere verme a mí...

Crónica de un Suicidio.

Recordaba una y otra vez aquella canción mientras ponía orden en la habitación que minutos atrás había hecho trizas por la rabia.. "Si hubiera podido echar ancla.." que extraña es la condición humana y sobretodo la mente, en los momentos que menos esperamos algo; por ejemplo este, ella hecha mano de los recuerdos de algo que nos puede sacar a flote, como esa canción, aunque debió admitir que tenía ciertos tintes de despótica verdad, toda ella hablaba de ese momento, ni siquiera recordaba como había llegado y las sirenas de las ambulancias y las luces de las patrullas lo distraían a ratos de sus pensamientos.

Él miraba distraído cada uno de esos pequeños detalles que trataban de reconstruir la escena de varias horas atrás. Tal vés quería revivir el dolor, ya que la rabia aún latia con fuerza en la venita que se le marcaba a menudo. Camino varios pasos entrecortados mirando el sillón que, paciente esperaba por una eternidad ya terminada, las cortinas ahora se enredaban en sus tobillos como queriendo explicarle que así era como se acababa la vida, poco a poco, despacito y sin prisas, porque ellas sabian de eso, sabian lo difícil que era soltar y tal vés por eso se enredaban en sus tobillos, porque no querían soltarlo y dejarlo revivir la escena de hacia unas horas atrás.

Se acerco vacilante hacia el balcón mientras las cortinas resignadas le soltaban despacito, esperando ahora por el siguiente que supiera entender. Aferro las manos al barandal y entonces vió a la gente tan diminuta que una sonrisa se le dibujo en el rostro trasigurado por la rabia y la tristeza, pensó entonces que ella debió sentirse feliz porque siempre habia visto a la gente desde muy arriba; justo como en ese instante en que su orgullo y amor propio no sirvieron y resiganada se lanzo al vacio para cumplir entonces uno de sus mas intimos sueños, volar.

Murmuró su nombre y solto el barandal entrando rápido a la habitación para desplomarse y llorar. Llorar como lo hacen los niños que se pierden en medio de una estación de tren y tienen la certeza de que no volverán a ver a sus madres, llorar como lo haces cuando te das cuenta de que nunca más estarás completo sobre la tierra y que estas condenado a caminar sobre ésta sólo, sin su mano que te sigue o que te lleva, llorar desesperado, solo eso puede hacer ahora, quería gritar y así lo hizo, no era de los hombres que se quedaban con las ganas de nada y ese no iba a ser el momento de empezar a reprimirse. Había perdido al amor de su vida...